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  • Jennifer Seifert

El tiempo sin mis hijos

Escrito: Anónimo


A los 19 años lo conocí, el tenía 32 y 3 hijos de su primer matrimonio, con quienes vivía, porque según decía, la mamá le había dejado a los niños y él hasta la patria potestad tenia.

Desde un principio de nuestro noviazgo y posterior matrimonio, fue muy controlador en todos los aspectos, me manipulaba haciéndome creer que yo tenía la culpa de los problemas que habían, en más de una ocasión decidí separarme, pero, me convencía de que no fuera así, que lucháramos por nuestro matrimonio e hijos. En el año 2008 nos fuimos a vivir a provincia, lejos de nuestras familias. Durante todos esos años me controlaba económicamente, en el año 2014 una amiga me invito a entrar a un circulo de mujeres, decidí tomar terapias psicológicas lo que me hizo despertar y darme cuenta de que mi situación no era la más adecuada.


En el año 2017 decidimos separarnos, pero el padre de mis hijos me dijo que no me daría dinero para la alimentación ni mía ni de mis hijos, pese a que este tenía un estatus económico alto derivado de dedicarse al agiotismo, prácticamente me corrió de la casa que habíamos construido ubicada en, me dijo que los niños estarían una semana con cada uno que yo buscara donde vivir, por lo que pedí auxilio a mi familia que estaba lejos, para mudarme a una casa que estaba como a un kilómetro aproximadamente de distancia, los tuve la semana que me correspondía pero la semana que me tocaba ya no los encontré, toque y después de mucho me abrió una mujer que me dijo que le habían rentado la casa por seis meses y que el señor que vivía ahí se había ido muy temprano con los niños.


Estuve insistiendo por teléfono hasta que tomo mi llamada y me dijo que me había advertido que no quería abogados y como había revisado mi teléfono se había dado cuenta que yo estaba buscando asesoría y apoyo jurídico, que por eso ya no volvería ver a mis hijos, me condiciono a que dejara la casa que había rentado y regresara con mis cosas a vivir con él y así volverían a la ciudad, pero no accedí, pero después de varias semanas y como mi como mi cumpleaños estaba próximo le rogué me dejara ver a mis hijos y me dijo que los alcanzara en los en otro estado, al norte del país, lugar al que se había ido. Tuve que conseguir dinero con mi familiar para ir a buscarlos. Al llegar el padre de mis hijos me insistía que por favor intentáramos salvar nuestro matrimonio, por la presión y por el miedo accedí.


Al regresar al que antes fue nuestro hogar, promoví el juicio de guarda y custodia, misma que me fue otorgada provisionalmente, sin embargo al ir a recoger unas cosas a la casa que yo rentaba le conté lo que estaba haciendo en juzgados al enterarse se puso muy mal, comenzó a llorar, luego me dijo que fuéramos a su casa por las cosas de los niños que me los iba a dar, pero al subir al coche mis hijos se arrancó y me dejo fuera del automóvil.


Yo me fui rápidamente a la casa donde habíamos vivido juntos, pero jamás regreso, le insistí mucho por llamadas, no pude hablar con mis hijos, fueron dos meses que yo no supe de su paradero, puse querella ante el ministerio público por sustracción de menores, pero pese a tener la guarda y custodia provisional la autoridad no hizo nada cabe recalcar que el padre de mis hijos es muy conocido y tiene un poder adquisitivo amplio, por ello la investigación no prospero. Durante ese tiempo se dedicó a hacer denuncias en mi contra por violencia y a hacer que mis hijos hicieran lo mismo. Cuando se comunicó conmigo fue para decirme que, si quería volver a ver a mis hijos, le tenía que dar la guarda y custodia, a lo que tuve que acceder, ante la desesperación y el miedo de perderlos, por ello regresaron para que ratificaríamos ese convenio, pero cuando ya él estaba ahí no quise ratificar y me encontré con que mis hijos ya no querían acercarse a mí, ni convivir si yo no regresaba a vivir con ellos, por lo que una vez mas, tuve que regresar a vivir a la que fue nuestra casa, estuve un mes, sin embargo ya no aguanté el desprecio que sentía por mi todavía esposo, así que me salí a rentar un cuarto, conseguí un trabajo, y en ese momento comenzó a llevarme a los niños para que con ello yo no saliera a trabajar, y con ello depender directamente de él, aleccionaba a mis hijos para que se portaran mal y fueran groseros conmigo, al final acordamos custodia compartida, pero comenzó a decirme que los niños no querían ir conmigo, por lo que solicite se anulara, deje de convivir con mis hijos por el lapso de un año y me fijaron pensión alimenticia a favor del progenitor, durante este tiempo sufrí, además de la depresión por el rechazo de mis hijos y el daño que sabia que esa situación les estaba causando, por la torpeza, ineficiencia, corrupción y lentitud del sistema de justicia. Él insistió mucho para que mis hijos declararan con quien querían vivir y al ser valorados, la psicóloga del juzgado en sus conclusiones dictaminó que había alienación parental por parte del papá.


Afortunadamente, para ese entonces, conoció a una mujer europea, gracias a ello dejó de insistirme que regresara con él, pero el castigo que recibí fue no ver a mis hijos, comenzaron a decirle mamá, con quien se casó a los pocos meses por algún ritual, aun estado casado conmigo. Se fueron a Europa de luna de miel y me dejo a los niños, con la condición de que cuando regresara de su viaje compartiríamos la custodia y le daría la pensión alimenticia retroactiva, accedí, se fue de viaje. Para ese momento mis hijos estaban en un estado emocional muy afectado, con un fuerte rechazo a mi y mi familia, sin embargó aproveché para decirle a mis hijos que iríamos de vacaciones, y vi la oportunidad de huir dejando todo, pero cuando llegamos al lugar donde vive mi familia, quise dar aviso a la autoridad de lo que vivía pero me dijeron que no era procedente porque la violencia no había ocurrido en esa jurisdicción. Cuando el regresa de su viaje y al no encontrarnos puso una denuncia por desaparición, la que milagrosamente avanzo muy rápido y publicaron fotos mías y de mis hijos.


Después de la pandemia decidí poner más tierra de por medio e irnos a vivir a un lugar más lejano dónde mis hijos puedan vivir en un ambiente tranquilo y sano, aunque lamentablemente sin su papá, porque tengo miedo de que nos encuentre que vuelva a dañarnos. Lo que aquí narro es un resumen de todo lo que me ha tocado vivir en estos años, sin duda esta historia está llena, de dolor, idas y venidas con abogados, juzgados, ministerios públicos, psicólogos, organizaciones públicas y privadas y todo tipo de terapias.

El juicio sigue abierto y sigo buscando la manera de que se haga justicia.


Agradezco el esfuerzo y coraje de las mujeres que están promoviendo esta nueva ley contra la violencia vicaria, y que se visibilice esta problemática que me parece urgente por la cantidad de niños y más que está afectando.



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